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La deformación de lectores

 Eran los 90 cuando empecé a trabajar. Daba clases de Lengua y Literatura de segundo al quinto año. En la primera clase del año solía hacer dos preguntas a mis estudiantes; la primera era “¿qué es la literatura?”, pensaba entonces recuperar sus opiniones y recorrer luego las distintas definiciones que ofrecen autores sobre la cuestión para llegar a la conclusión de lo difícil que resulta definir el campo de acción de la literatura. La segunda pregunta era “¿para qué sirve la literatura?”. Siempre me llamó la atención que ante ambas cuestiones la mayoría de los chicos asociara la literatura con cuestiones referidas a otros ámbitos, el bien decir, el vocabulario, la corrección, y en el último tiempo con la comprensión lectora. “Si leemos mucho vamos a hablar bien”, “y vamos a entender mejor”, repetían convencidos un discurso que de seguro no les pertenecía.

Era evidente que algo había instalado esa representación equívoca de lo que implica leer literatura. Lo curioso es que esta representación sobre la finalidad de la literatura en muchos casos era compartida también por directivos y colegas docentes de otras asignaturas e incluso por colegas del área. De alguna manera estas representaciones, en ese momento, sostenían en el imaginario colectivo, el porqué era importante para los jóvenes estudiar literatura en la escuela secundaria.

Bourdieu afirma que es importante que sepamos que somos todos lectores y que, como tales, corremos el riesgo de comprometer en la lectura infinidad de presupuestos positivos y normativos (Bordieu, 2010). Sin duda, la escuela ha sabido instalar durante mucho tiempo una infinidad de mitos en torno a los libros y la literatura. Esbozamos aquí algunos de ellos (al menos 5) que tienen como fuente la experiencia personal y compartida de docentes de literatura en escuelas secundarias de la Provincia, las expresiones reflejan las manifestaciones de los estudiantes: a) Todos los escritores o son gente vieja, o están muertos; b) Los escritores de literatura son siempre de otros lugares, lejanos y exóticos; c) Todos los textos literarios son largos, y por ende aburridos; d) Siempre es difícil entender un texto literario porque siempre hay algo que descifrar; e) La literatura es básicamente cuentos y poesías, las poesías siempre hablan del amor.

Los modos de leer literatura de nuestros alumnos tienen una razón de ser, pues son respuestas a los desafíos que la literatura les presenta (Cuesta; 2006) Podríamos agregar a esta lista nuestros propios mitos acerca de lo que implica leer o entender una obra literaria, por ejemplo acerca de los modos de leer dice Carolina Cuesta que estamos formados sobre la base de que la lectura que llevará a que nuestros alumnos disfruten y comprendan los textos literarios debe realizarse en silencio, en soledad.

Es en razón de estas concepciones sobre lo que es leer literatura, que la escuela instala con sus prácticas de lectura las representaciones de los estudiantes sobre los libros y la literatura. Estamos de tal modo habituados a esta manera de leer el texto sin referirlo a nada más que a si mismo que la universalizamos inconscientemente (Bourdieu; 2010)

Estas representaciones no sólo instalan determinados modos de leer sino que definen las relaciones entre los sujetos que leen en tanto lectores expertos e inexpertos. Soy yo quien les dice a ustedes lo que se dice en el libro o en los libros que merecen ser leídos por oposición a los libros que no lo merecen

(Bordieu; 2010). Se trata entonces de relaciones de poder. Y una vez más Bordieu sigo a Bordieu en su sentido social del gusto(2010), cuando afirma: Una vez definido lo que merece ser leído, se trata de imponer la buena lectura, es decir el correcto modo de apropiación, y el propietario del libro es el quedetenta e impone el modo de apropiación. Cuando el libro, como he dicho hace un rato, es un poder, el poder sobre el libro es evidentemente un poder.

Por todo ello no quiero hablar de la formación de lectores. Me resisto. Formar y uniformar se parecen demasiado ¿Quién dice cómo debe ser un lector de literatura? ¿Quién arroja la primera piedra? Prefiero hablar y desafiarnos a deformar lectores, que es lo mejor y distinto que saben hacer los buenos textosliterarios. Se trata entonces de deformatear, sacar a los estudiantes de los lugares de comodidad y certidumbre. La lectura de literatura y el placer no siempre van de la mano, los textos literarios también pueden inquietar, enojar, movilizar. Entiendo que en eso radica el poder de la obra literaria. Pues al finy al cabo el texto literario no es un texto más, un formato textual como nos quisieron hacer creer los lingüistas con la reforma de los 90. La literatura es un medio crítico y creativo en el que se materializa una manera particular de entender el mundo y la vida, es una forma de libertad.

El gran desafío para la educación secundaria hoy es dejar de hacer lo que viene haciendo o al menos intentar hacerlo de otra manera. Es necesario remover paradigmas, concepciones arraigadas, y para ello hay que salirse de los moldes, barrer con los mitos. Los nuevos tiempos desafían a nuevas libertades. Que el cuento de la lectura, la literatura y la enseñanza pueden ser narrados de otra manera. Elidiendo el cientificismo estéril y especulador de la comprensión lectora, y elidiendo la impostura irreflexiva del placer de la lectura (Cuesta; 2006)

Hay que formar lectores profesan las voces entendidas, psicólogos, pedagogos, padres, maestros y apasionados de los libros. ¿Conocemos realmente cómo nuestros alumnos leen literatura? (Cuesta; 2006) y agrego otros interrogantes ¿cuál es el lector deseado por la sociedad y que será orgullo de todos?¿A qué se parecerá?¿Estaremos conformes con ese lector? ¿Será feliz ese lector? Si acaso alguna vez logramos darle forma de lector ¿Cuál es el lector que quienes nos consagramos a la noble tarea de enseñar tenemos en la cabeza? ¿Qué demonios es un lector?

La literatura es una institución paradójica, porque crear literatura es escribir según fórmulas existentes (crear algo que tiene el aspecto de un soneto o que sigue las convenciones de la novela), pero es también contravenir esas convenciones, ir más allá de ellas. La literatura es una institución que vive con la evidenciación y la crítica de sus propios límites, con la experimentación de qué sucederá si uno escribe de otra manera (Culler; 2004)

En esta tarea de deformar lectores lo importante es escuchar y abrir las posibilidades de diálogo sincero. Esto es parte imprescindible de ese proceso de metamorfosis y autodeformación por el que tendremos que pasar. Tal vez el primer cambio que tendremos que sufrir sea otorgar valor a lo que los estudiantes saben y conocen. En una civilización de lectores, persisten enormemente ciertos saberes previos que no se transmiten por la lectura pero que, sin embargo, la orientan (Bordieu; 2010)

Otro cambio en ese proceso de deformación de las prácticas tendrá que impactar en nuestros modos de leer. Debemos considerarnos los primeros lectores en proceso de autodeformación. Pues como dice Carolina Cuesta, son los relatos que el maestro agrega al texto los que habilitan, podemos decir nosotros, los modos de leer que posibilitarán las respuestas al cuestionario.

Pero sobre todo hay que partir del reconocimiento de la presencia ineludible en el aula de otros lectores, necesariamente distintos, a los que hay que conocer para poder acompañar, y complementar las interpretaciones. Preguntarse sobre los modos de leer literatura en el aula, supone partir de la convicción de que siempre nuestros alumnos leen. La escucha atenta de los comentarios e interrogaciones que cada texto literario propicia en los alumnos, el análisis que podamos hacer de sus respuestas poniendo momentáneamente en suspenso aquello que “debe ser leído” para cambiarlo por “aquello que puede ser leído” es modificar la convicción que descansa en la creencia de una lectura unívoca por lecturas posibles”. (Cuesta; 2006)

En definitiva, se trata de deformar lectores. Repensar el canon, repensarnos en nuestra relación con esos textos. Reconocer a nuestros estudiantes como lectores, escucharlos e indagar sus modos de leer y sus representaciones en torno a la literatura. Tener la certeza de que podemos hacer algo, de que debemos hacer algo. Como dice Eduardo Galeano: Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

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