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Aportes del concepto de literacidad a la EIB.

 RESUMEN

En el presente artículo el autor se propone tomar algunas ideas fundamentales en torno al concepto de literacidad a partir de determinados autores especialistas en la materia y desde allí reflexionar acerca de estas ideas en cuanto a sus posibilidades pedagógicas para el fortalecimiento de los procesos de instalación y desarrollo de la Educación Intercultural Bilingüe que se vienen dando en la provincia de Formosa.

El autor intentará demostrar de qué manera los nuevos enfoques educativos desde perspectivas socioculturales posibilitan un abordaje más integral y de mayor complejidad que los actuales. Propone una serie de desafíos que esta nueva perspectiva demanda tanto a la formación docente como al sistema educativo provincial en su conjunto.


Definiciones de literacidad

¿Qué es la literacidad? ¿En qué medida difiere del tradicional y conocido concepto de alfabetización? Y sobre todo ¿por qué hace tanto ruido en el mundo académico? Y lo que es más importante aún ¿puede esta nueva perspectiva ofrecer nuevas claves para el abordaje de contextos de alta complejidad como la educación intercultural y bilingüe en la provincia de Formosa? Son estos algunos interrogantes que apenas nos permiten iniciar una conversación teórica con algunos autores de renombre en la búsqueda de posibles respuestas.

Dice Virginia Zavala que “La literacidad siempre implica una manera de usar la lectura y la escritura en el marco de un propósito social específico” (Zavala;2004) en esta afirmación nos encontramos con dos palabras claves que sustentan el concepto de literacidad “usar” y “propósito”. Zavala también sustituye o utiliza indistintamente la expresión “manera de usar” y la de “práctica” como sinónimos reforzando la idea de funcionalidad inmanente de la lectura y la escritura. También afirma que el uso de la literacidad es esencialmente social, no se localiza únicamente en la mente de las personas o en los textos leídos o escritos sino, también, en las interacción personal y en lo que la gente hace con estos textos” (Zavala;2004) y más adelante agrega “estas prácticas, involucran valores, actitudes, sentimientos, y relaciones sociales que son procesos internos del individuo y que no son siempre observables. Se trata de maneras de leer y escribir que articulan construcciones particulares de la realidad y que sólo tienen sentido en el marco de éstas”. El concepto de literacidad desde Zavala rescata el aspecto social y funcional del lenguaje y amplía la mirada a la complejidad del contexto, las relaciones y los actores que interactúan a través de esos textos. En la definición de esta autora los sujetos y sus realidades son lo medular “en estas prácticas letradas se inscriben las identidades de las personas, pues estas desarrollan maneras de leer y escribir de acuerdo a la manera en que quieren identificarse como miembros de diversos grupos sociales e instituciones” (Zavala; 2004).

He aquí entonces la gran diferencia con otras perspectivas más tradicionales en las que el sujeto y su realidad particular quedaban invisibilizados ante una técnica universal y profundamente homogeneizadora “es importante reconocer que las habilidades letradas no son únicas, universales o neutrales sino que se generan a partir de usos diversos con la lectura y la escritura y por eso mismo se van desarrollando toda la vida.”(Zavala;2004) Y he aquí un aspecto al menos interesante para la educación intercultural bilingüe que se cimienta en la necesidad del fortalecimiento y desarrollo de las identidades invisibilizadas de las comunidades originarias.

Para Zavala se trata de “observar” antes de hacer, y agregamos, poner en valor las prácticas sociales particulares donde se desarrollan las diversas formas de lectura y escritura. Observar al otro en su otredad, observar la manera en que esas prácticas particulares de lectura y escritura se relacionan con otros elementos y sobre todo en contextos de interculturalidad con formas particulares de interactuar, creer, valorar y sentir.

Como siempre no se trataría de otra cosa más que acercar la escuela a las necesidades de la gente y en razón de esto descubrir qué tipo de lectores y escritores queremos formar y para qué propósitos.

Por su parte, Daniel Cassany refiere que bajo el concepto de literacidad englobamos todos los conocimientos, habilidades y actitudes y valores derivados del uso generalizado, histórico, individual y social del código escrito. Que coincide en la visión integradora a la que hace alusión Zavala, agregando tal vez el aspecto histórico a la complejidad del concepto. Dice Cassany que resulta interesante recuperar algunos de los seis principios básicos a los que aluden Barton y Hamilton (1998); 1) un conjunto de prácticas sociales, que podemos inferir a partir de los hechos de escritura, que a su vez están mediatizados por textos escritos; 2) Hay diferentes formas de literacidad asociadas a diferentes ámbitos de la vida; 3) Las prácticas de literacidad están gestionadas u organizadas (patterned) por instituciones sociales y relaciones de poder, de manera que algunas son más dominantes, visibles e influyentes que otras; 4) Las prácticas de literacidad cumplen propósitos específicos y forman parte de objetivos sociales y prácticas culturales más amplias; 5) la literacidad está situada históricamente; 6) Las prácticas de literacidad cambian y sus nuevas formas se adquieren a menudo a partir de procesos de aprendizaje informal y de atribución de significado.

Literacidad e ideología

Teniendo en cuenta todo lo antes mencionado y la relación de la literacidad con las prácticas sociales de los sujetos, entendidos estos en su diversidad y como portadores de cultura y de visiones particulares del mundo en un contexto específico en el que las relaciones de poder no están ausentes tal vez sea el momento de sumar al concepto de literacidad un elemento más: la ideología. Brian Street afirma que “la rica variación cultural en estas prácticas y concepciones nos lleva a repensar su significado y a ser cautelosos a la hora de presuponer una única literacidad donde podemos estar simplemente imponiendo, en la literacidad de otros supuestos derivados de nuestra propia práctica cultural” y agrega “la aparente neutralidad de las prácticas letradas enmascaran su importancia para la distribución del poder en la sociedad y para las relaciones de autoridad: la adquisición, el uso y los significados de diferentes literacidades tienen un carácter ideológico que hasta hace poco no se había reconocido lo suficiente.”

En contextos de interculturalidad y bilingüismo en que la diglosia y las relaciones desiguales son moneda corriente el componente ideológico no es un elemento más sino que en él podría estar la clave fundamental para encontrar respuestas superadoras. Hasta aquí la escuela en el mejor de los casos se ha embarcado en la búsqueda de métodos y estrategias que le permitan lidiar con la evidente diversidad cultural, sin mayores éxitos. Street sostiene que “se ha enfatizado el impacto de la literacidad en receptores supuestamente pasivos y el carácter aparentemente neutral y universal de los modelos de literacidad de las agencias que las imparten, puesto que cuando miramos a los otros, sólo vemos nuestro propio reflejo, y cuando miramos a las literacidades de los otros vemos la nuestra.”(Street; 1991)

La presencia/ausencia de las lenguas culturas indígenas en la curricula de la escuela obligatoria es todavía un desafío de maestros, pueblos y sistema. Tal vez porque “las prácticas letradas son aspectos no sólo de la cultura sino también de las estructuras de poder” (Street; 1991).

Se trata de poder entender que “la construcción de la literacidad está imbricada en las prácticas discursivas y en las relaciones de poder en la vida cotidiana: está socialmente construida, materialmente producida, moralmente regulada, y tiene un significado simbólico que no puede reducirse a ninguno de estos” (Street; 1991)

Entendemos entonces que la literacidad no puede ser entendida por completo sin el componente ideológico que sustentan y ponen en juego los sujetos en cada práctica social, y de las cuales la escuela como institución social e histórica no está excenta, sobre todo en contextos de alta vulnerabilidad como las escuelas de Modalidad EIB. Es preciso ganar en claridad acerca de que la literacidad en cuanto “modelo ideológico no trata de negar las habilidades técnicas o los aspectos cognitivos de la lectura y la escritura pero las entiende más bien como encapsuladas en totalidades culturales y dentro de estructuras de poder.”(Street; 1991)

Conclusiones y desafíos

Entendemos que la literacidad en principio podría aportar una perspectiva más que interesante para la Educación Intercultural Bilingüe sobre todo en razón de que incorpora elementos fundamentales como el contexto social, las identidades de los sujetos y las idelogías como variables de alta presencia en las prácticas educativas.

Uno de los desafíos más interesantes que atañe a la EIB en Formosa tiene que dar un paso más allá de encontrar técnicas y estrategias de trabajo con lo diverso, superar los enfoques que funcionan como palanca para instalar en contextos distintos aquello que es común y homogéneo, al menos en teoría, en otros contextos, y enonces avanzar a modos de hacer interculturalidad con prácticas que permitan el desarrollo de las identidades de los jóvenes indígenas con conocimientos propios y universales y fortalezcan las relaciones entre los sujetos que reconocen y ven sus diferencias como un potencial y no como un obstáculo.

Consideramos que para poder llevar a cabo esto resulta necesario resignificar los saberes y las prácticas docentes históricamente instaladas en las instituciones y en los sistemas educativos de manera integral.

Ante esta situación el concepto de literacidad aporta ingredientes importantes para la mochila de los docentes sobre todo con una visión de mayor complejidad y criticidad de la realidad de la escuela para lo cual se requieren cosas distintas a recetas preestablecidas e involucra y sobre todo pone en crisis preconceptos fuertemente arraigados en nuestra manera de ver y entender a los otros y a la vida misma.

Bibliografía

Ferreiro, Emilia. “Leer y escribir en un mundo cambiante”. Conferencia expuesta en las Sesiones Plenarias

del 26 Congreso de la Unión Internacional

Cassany, Daniel (comp). (2009) “Para ser letrados. Voces y miradas sobre la lectura”. Paidos. Barcelona

Zavala, Murcia, Ames y otros(2004) “Escritura y sociedad: nuevas perspectivas teóricas y etnográficas. Red

para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú”

Barton, David y Roz Ivanic (eds) (1991) “Writing in the community”.

Este texto fue producido en el marco de la Maestría en Enseñanza de la Lengua y la Literatura. UNR

Cohorte 2012- 2014.


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