Mi experiencia personal con los microrrelatos y microficciones empezó en mi época de estudiante universitario. Fue un encuentro afortunado e inolvidable. Pasa que a veces uno tiene la suerte de encontrarse con gente, que lee y escribe, que de alguna manera le cambia el horizonte, o se lo amplía.
A mí me pasó con las microficciones. Terminé de entender de qué iba esto de la literatura cuando me dieron de leer microficciones. Hasta ese momento la literatura eran los textos clásicos, los escritos en otro tiempo, obras muy importantes y valiosas por cierto, pero por lo mismo inalcanzables para mi estado de inmadurez absoluta a los veinte años.
Desde entonces no he podido dejar de leer microficciones. Me considero un lector asiduo del género breve. Por otra parte, al mismo tiempo que me hice lector de microficciones también comencé a experimentar, a animarme a crear, a escribir literatura que ahora no me parecía ni tan lejana, ni tan inalcanzable.
Supongo que las microficciones me hicieron escritor. Aunque también escribo cuentos largos, he logrado terminar dos novelas, una tesis, algunos artículos, ensayos, y desde luego entradas de blog. Sin embargo, creo que mi amor por la literatura fue culpa de las microficciones.
Para no confundirnos con las distintas denominaciones que recibe el género breve vamos a decir que las microficciones son textos breves ¿qué tanto? Pues aproximadamente menos de 250 palabras. Con intención literaria, escritos en prosa. Si bien eso es bastante amplio, una de las características de este género es la imposibilidad de encerrarlo en una definición genérica.
Es casi un obviedad afirmar que las microficciones son sumamente interesantes (dejo algunos ejemplos al final de esta entrada), tanto en el contenido como en la forma. Ahora bien, considero que todos los estudiantes de letras deberían ser asiduos lectores y experimentar (al menos una vez en su vida) con la producción escrita de microficciones, ¿por qué? pues bien, se los resumo en cinco razones respaldadas con citas textuales de conocedores del género:
PRIMERA RAZÓN: BUENA LITERATURA
“La minificción es un artefacto literario experimental, lúdico, intertextual, extraviado del canon, elíptico, necesario de participación (Breve manual – ampliado– para reconocer minicuentos). Es verdad, pero así es toda la buena literatura. Siempre en ella hay experimentación, juego, intertextualidad, elipse. En todo buen texto literario es necesario un lector activo y, si es posible, avezado. En las buenas expresiones literarias no hay pureza y los géneros pueden desaparecer, fundirse, entremezclarse. De manera que la analizaremos mucho, le daremos vueltas, desentrañaremos mecanismos internos, vislumbraremos vertientes, estableceremos diferencias (a la larga el análisis literario es otro género y posiblemente uno ficcional) pero todas las características que nos parecen tan específicas quizás no lo sean: la minificción es igual que cualquier otra forma literaria, pero más corta” (Rojo, 2016, pág. 384).
Violeta Rojo recupera el carácter literario de la minificción más allá del exotismo y cierto carácter extraordinario que le otorga la brevedad de la forma, nos habla de su condición de "buena literatura" minimizando la cuestión de la brevedad. Lo valioso de una minificción (microficción en Argentina) no está entonces en la brevedad de la forma sino en su potencia literaria. Esa es probablemente la diferencia más importante entre una buena microficción y una de mala calidad.
SEGUNDA RAZÓN: RUPTURA GENÉRICA
La microficción fue considerada durante mucho tiempo como una excepción a la regla. Las revistas las publicaban por su carácter poco común y extraordinario, como una excepción a las reglas de la cuentística tradicional.
“Pero, ¿Qué sucede cuando la proporción de “excepciones” crece sin tregua?, ¿hasta qué punto pueden seguir considerándose excepciones? Si se diseña una canasta para contener exclusivamente objetos de determinada naturaleza y luego se verifica que de su conjunto solamente unos pocos se ajustan de manera estricta a la naturaleza supuesta, surgen sólo dos actitudes posibles: o bien se dejan afuera más objetos que los que entran, o se cambia el diseño de la canasta. Lo primero supone que es antes la canasta que los objetos. Lo segundo que primero son los objetos y luego la canasta.
Dado que la canasta fue diseñada para contener los objetos, creo que no cabe duda de que la segunda es la actitud correcta. La analogía es obvia: los objetos son los textos y la canasta la definición genérica” (Brasca, 2015).
Brasca se refiere a la cuestión de la ruptura genérica que provocan las microficciones y a su instalación como un género propio en razón del auge que han tenido estos textos entre lectores y escritores de literatura. Las microficciones y microrrelatos, para Brasca generan no sólo una ruptura genérica sino que además instalan un modo de ser leídas, en el que la participación del lector resulta fundamental.
TERCERA RAZÓN: SATISFACCIÓN ESTÉTICA
“El lector espera recibir de las microficciones y microrrelatos un cierto tipo de satisfacción estética sin importarle demasiado si la obtiene por medio de un texto narrativo o no. La percepción de este tipo de satisfacción estética posiblemente se haya desarrollado en él a partir de brevedades narrativas, pero eso es, en todo caso, un dato histórico y no una condena. Es muy complejo agotar los componentes que contribuyen a esta satisfacción pero entre ellos estaría una escritura que maximiza la relación entre la capacidad del texto para impactar sobre el intelecto y/o la sensibilidad del lector y los medios utilizados para ello, sumada siempre al hecho de constituir, el texto en sí mismo, una desembozada demostración de esa capacidad. Por eso las microficciones, de cualquier tipo que sean, tienen algo de conclusivo y de inapelable, aunque a veces sólo sea la afirmación final (triunfal) de su propia potencia. Esto no significa que una reflexión posterior al momento de lectura no pueda relativizar sus procedimientos y contenidos sino que, si una microficción resultó conclusiva e inapelable cuando se la terminó de leer, el propósito está cumplido. Huelga señalar que piezas no narrativas son perfectamente capaces de generar la satisfacción indicada” (Brasca, 2015).
Para Brasca las microficciones (al menos las bien logradas) producen cierta "satisfacción estética" en el lector, ¿por qué? porque los artilugios del lenguaje puestos en juego en el texto microficcional apelan directamente al intelecto del lector, y/o su sensibilidad lectora. En ello radica el pacto de lectura entre la obra y el lector, la razón de ser tanto del texto como del acto mismo de leerlo.
CUARTA RAZÓN: MAQUINA DE PENSAR
“Hemos sostenido repetidamente que toda minificción bien lograda es un objeto artístico que, además de deslumbrar al lector por el uso depurado y sugerente del lenguaje, por la precisión de los mecanismos en los que basa su eficacia estética, por la imprevisibilidad que suele signar muchas de sus manifestaciones, constituye un poderoso acicate para el desarrollo del pensamiento crítico” (Tomassini & Colombo, 2015).
Las autoras recuperan un aspecto central pero no siempre tenido en cuenta cuando se habla de microficción, la calidad de “objeto artístico”, rescatan sus características sobresalientes: el uso del lenguaje, su eficacia estética y la imprevisibilidad, todas estas con un alto valor para el desarrollo del pensamiento crítico.
Es en el trabajo con el pensamiento, desde el pensamiento o para el pensamiento, donde estas autoras ubican el sello distintivo, acaso único, de la microficción literaria de nuestro tiempo:
“Es precisamente ese plus semántico advertido por Koch en las mejores muestras de este tipo de escritura, la que permite caracterizar a la microficción como una máquina de pensar o, si se prefiere, como una máquina para pensar” (Tomassini & Colombo, 2015).
QUINTA RAZÓN: VERSATILIDAD PEDAGÓGICA
Brasca, refiere:
“Reducir la microficción al cuento muy breve sin perderse la enorme variedad que el género ofrece y, con ello, también buena parte de sus posibilidades en el aula. Por eso, estas notas proponen reemplazar el modo tradicional de presentar la microficción (como una derivación del cuento y una serie de diferencias que lo alejan de él) por otro que pone el acento en la muy frecuente duplicidad que contiene. Es enorme la utilidad que puede tener en el aula un formato que ejemplifica en pocas líneas mucho de lo que se quiere transmitir y que, además, permite ejercitar creativamente ese conocimiento. Temas como la estructura del texto, los puntos de vista, la frontera entre objetividad y subjetividad, la totalidad y el fragmento, la distancia del mundo contado respecto a la realidad corriente, el análisis del discurso, los géneros literarios, etc., pueden desarrollarse eficazmente a partir de la microficción” (Brasca, 2015).
Brasca hace pie en la versatilidad del género, en su carácter pragmático y multifacético como una navaja suiza que esconde un sin número de posibilidades de uso para el avispado profesor de literatura.
“De lo dicho se desprende la importancia pedagógica de la microficción cuando de entrenar lectores se trata. En efecto, un texto tan elíptico y alusivo exige al lector que acuda a la enciclopedia que pone en funcionamiento en la práctica de leer y la aplique instantáneamente al momento de resignar la cautela y decidir cómo enfrentar eso que tiene ante los ojos". (Brasca, 2015, pág. 18).
En síntesis, creo que los estudiantes de letras deben tener ante todo la experiencia de ser lectores de "buena literatura", sobre todo de aquellos textos que generen rupturas, quiebres y las distinciones propias de la originalidad en materia creativa. Además, deben poder experimentar una satisfacción estética genuina en el contacto con las lecturas, y poder compartirla y analizar este fenómeno con otros lectores. Las microficciones, cumplen con esos requisitos y además, habilitan y potencian la argumentación y el pensamiento crítico y resultan versátiles para ser llevadas al aula tanto en sesiones de lectura como de escritura literaria.
Les dejo algunos ejemplos de buenas microficciones:
Del rigor de la ciencia
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografìa logró tal Perfecciòn que el Mapa de de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del Mapa, habitadas por animales y por mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas.
(Suarez Miranda: Viajes de Varones Prudentes, libro cuarto, cap. XIV, Lérida, 1658)
Jorge Luis Borges
Cuento policial
Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer. Decían que vivía sola, que era muy rica y que guardaba grandes sumas de dinero en su casa, aparte de las joyas y de la platería. Una noche el joven, armado de ganzúa y de una linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la mujer. La mujer despertó, empezó a gritar y el joven se vio en la penosa necesidad de matarla. Huyó sin haber podido robar ni un alfiler, pero con el consuelo de que la policía no descubriría al autor del crimen. A la mañana siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo. Azorado por la increíble sagacidad policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer llevaba un diario íntimo en el que había escrito que el joven vendedor de la tienda de la esquina, buen mozo y de ojos verdes, era su amante y que esa noche la visitaría.
Marco Denevi
El Fin
El profesor Jones venìa trabajando en la teoría del tiempo desde hacía varios años.
_ Encontré la ecuación clave_ le dijo un día a su hija.
El tiempo es un campo. Esta máquina que yo construí puede manipular, hasta invertir ese campo. Oprimiendo un botón mientras hablaba, continuó _Esto hará que el tiempo camine para atrás para camine tiempo el que hará Esto.
_ Continuó, hablaba mientras botón un oprimiendo.
_ Campo ese, invertir hasta, manipular puede construí yo que máquina esta. Campo un es Tiempo el_ Hija su a día un dijo le_ Clave ecuación la encontré_.
Años varios hacía desde tiempo del teoría la en trabajaba venía Jones profesor el.
Frederic Brown
Centauro
Si para un hombre cualquiera, la vida está llena de obstáculos y contrariedades, qué decir, para un centauro como yo. ¿Qué soy al final?¿Hombre o caballo?¿Una burla de los dioses? Con mi amigo Omega hemos decidido huir del Olimpo, visitar esta tierra de los mortales, confundirnos con los animales, las plantas y la gente. En la ciudad es imposible. Todos se ríen de nosotros. Los momentos más tristes llegan en primavera con la excitación de la sangre. Somos todavía muy jóvenes, casi adolescentes. En este instante, por ejemplo, en esta llanura que nos insulta con tanta belleza nueva hemos descubierto dos yeguas pastando y ahí nomás, en una breve laguna, dos muchachas se bañan alegres y desnudas. Nuestros ojos van de un lado al otro. La primavera nos acosa.
-¿Y ahora qué hacemos?- me pregunta Omega.
-No nos podemos pasar la vida dudando- le respondo- habrá que tomar una decisión.
-Claro que sí- dice Omega. Y arremetemos.
Orlando Van Bredam
Referencias

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